Leo que hay temor a la posibilidad de que se pierdan las pinturas del muro de Berlín, y me parece que no puede ser posible, porque no encaja para nada con el espíritu de Berlín.

Los que me conocéis ya sabéis que tengo una relación especial con Alemania -tampoco es plan de contar mi vida- , y aunque de forma especial con Hamburgo -tranquila y bulliciosa, verde y portuaria-, lo cierto es que he estado un par de veces en Berlín. La noticia me afecta, como nos afecta ya todo.
Porque Good Bye Lenin puede que sea una de mis películas favoritas (el despertar del coma de la alemania dividida, ¿quién engaña a quién al final?) y “Winds of change” (la canción de Scorpions que refleja muy bien el momento de la caída, “el futuro ya se ve, se puede hasta tocar”, “quien iba a decir que fuéramos tú y yo hermanos”) me sigue emocionando en cuanto suena esa especie de silbidito.
Y sobre todo, porque entre el barullo de cajas de mi casa guardo como si fuera un diamante una piedra del muro de Berlín que me trajo mi tío el hippie quien, ni corto ni perozoso, estaba en Hamburgo, vio la noticia de la caída por la tele, se cogió una piqueta y unas mudas y se fue a Berlín a tirarlo (me parece muy gráfico de como, política aparte, la caída del muro fue un esfuerzo colectivo, al igual que la reconstrucción y unificación)
-En ese sentido, “Good Bye Lenin” cuenta el programa de trabajo con berlineses de las dos partes por los efectos de las relaciones personales sobre la unificación, y en la peli se cuenta también como justo ese año Alemania ganó el mundial en un gesto que, por su emotividad, hizo mucho por el orgullo de ser alemanes ‘reunidos’ justo cuando empezaba a verse que la reconstrucción iba a costar mucho esfuerzo-
Decía antes que eso no encaja con el espíritu de Berlín, porque si algo tiene Berlín es un reflejo constante de su historia. Con el parlamento (Reichstag) cuyo incendio tanto tuvo que ver con la llegada de los nazis al poder, con la plaza donde Hitler daba sus discursos, con el barrio judío donde me imagino la noche de los cristales rotos, con la iglesia derruida por los bombardeos de la guerra, con la alambrada y los nombres de los que murieron al intentar cruzar el muro, con el check point, con las diferencias que aún se notan entre una parte y otra de la ciudad, con la pintada del anónimo historiador urbano “Vergesst es nie” (“No lo olvidéis nunca”, algo difícil en Berlín), y sobre todo, con las partes del muro que aún quedan, y que, que queréis que os diga, me parecen incluso bonitas como instalación artística urbana.
Ya en aquella visita -cuyas fotos no puedo subir porque se hizo hace ya demasiado, cuando había cámaras analógicas, buff, quiero volver- Berlín estaba poblada de grúas que hacían ver que se estaba construyendo algo nuevo, y yo pensé que era bueno, porque era la mejor forma de que se definiera una ciudad que ya no era la misma y que lo surgiera debería reflejar, como siempre sucede en Berlín, esos nuevos tiempos. -Había, entre otros futuros, un proyecto de un centro para la memoria del holocausto-.
Pero no creo que eso se pueda hacer sin el muro, la mejor lección de historia y el mejor resumen del absurdo (es tan ridículo dividir una ciudad en dos, separar a las personas con un muro, que parece un argumento de novela de Saramago)
Además, me gusta mucho pensar que las intervenciones artísticas en plena ciudad puedan ayudar a salvar el muro. La creatividad, enseñando y transformando. Es una forma de darle la vuelta a las pintadas que había escritas en él, que todavía se pueden ver en algunos fragmentos. Aunque quizás podríamos recordar el muro con los trozos que tenemos en nuestras casas -y que para que negarlo, nos hacen un poco responsables de esta situación-, porque eso nos hace a todos ser “ein berliner”
MÁS ENLACES:
Recorrido por Berlín con Panoramio
Recorrido 3D con Google Earth (requiere descarga)
Más vídeos de Good Bye Lenin: “Summer 78″, GoodBye DDR, Tráiler, E-link