Posteado por: diasdesur | 8 Noviembre , 2007

La dama de plata vuelve a la ciudad de Noxville

Las ciudades son de quien las vive. Para bien o para mal. Quizás por eso llevo días encontrándome a Noxville por la calle. Vivo en su ciudad y me lo recuerda con su graffitti (más bien su sello) en cada barrio. Sea en Hernán Cortés o en San Luis. Hace poco vi en un cartel en Cachavas la dirección de una página web, la de noxville. Ese día no había bajado mi libreta de las ideas -la del guión de mi musical, sí- para apuntarla y hoy, cuando he revisitado esa farola, había una pegatina del típico partido político racista (si somos modernos, lo somos para todo, habrán pensado).

El caso es que sigo buscando la historia de Noxville, que no está en las primeras diez páginas de Google. Eso me atrae más. Me gusta vivir en Noxville. Siente la ciudad como suya y por eso la marca donde puede.

Casi a la vez he vuelto a ver en el Paseo Pereda a la dama de plata, cuya historia retrató de forma magistral Leticia Mena en un reportaje de El Diario Montañés. Esta vez ha cambiado sus hábitos. Ha venido en invierno, cuando los turistas migratorios se han ido. Hoy ha hecho sonreír a una niña. Ella en cambio, no podía. Esto no es La Rambla.

La primera vez que vi a la dama de plata percibí ira en sus ojos. Lo normal en una esclava rumana a quien han robado los colores y condenado al gris. Entonces eran tres, eso lo descubrí luego, cuando el reportaje de Leticia me hizo ver que la mujer del hombre de hojalata no era una bruja con poderes capaz de estar a la vez en Puerto Chico, el Ayuntamiento y el Paseo Pereda. No sé cuantas serán ahora. La dama de plata se reencarna en otras mujeres. Siempre es la misma.

Es parte del paisaje de la ciudad. Ella también la vive, pero para mal, tal vez nunca pueda amar este lugar en el que la robaron. Al contrario que Noxville.


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