Cada vez que paso por el escaparte de Gil en Daoiz y Velarde es distinto, y siempre con muy buen gusto. No paro de mirarlo.
Me doy cuenta de que si me preguntaran mi escritor favorito español actual no sabría responder. Tengo demasiados libros pendientes en la mesita y en las cajas. Pero consigo resistir la tentación de releer libros, un vicio que tengo porque creo que son distintos cada vez.
Aún así, no volveré a La Historia Interminable. Prefiero pensar que la historia sigue sin mí. Ya veré en unos años cómo ha evolucionado. En ese libro -creo que la literatura infantil y juvenil ofrece piezas que ya quisieran muchos adultos- se ofrece como solución a la enfermedad de la Emperatriz Infantil, que amenaza con llenar de Nada el plantea, el uso de un nuevo nombre.
Está el nombre que tienes y, luego, los nombres que te ponen, con poderes mágicos y más reveladores. -Yo oscilo para mis amigos entre el oskarín y el osquitar-
Parece que me desvío un poco. En realidad, no tanto, estos días, en mi errática ruta, me he encontrado en los escaparetes con nombres originalísimos de comercios, que superan a Casa Paco y ese tipo de estilos. Me suenan modernos y creo que corresponden en su mayoría a jóvenes emprendedores. En muchos veo un diseño gráfico diferente y atractivo. Que eligieran ese tipo de nombres ya significa algo de por sí.
Ahí van:
-la tienda de ropa infantil ‘El lagarto está llorando’
-la de ropa de danza ‘Los lunares de María’
-una librería infantil, con actividades de animación a la lectura, ‘Merienda en el tejado’.
-A otro nivel, las tienda de ropa ‘Pepita Pulgarcita’ -divertídisimos diseños y decoración-, ‘Del rosa al amarillo’ o los restaurante ‘La nariz de Wellington’, ‘La casona del judío’ y, bajo la fábrica de chubasqueros, ‘Jaque’.
-Y por supuesto, el restaurante ‘Días de Sur’, que encajaba tan bien en mi forma de ver las cosas que lo plagié descaradamente. Mi aportación ha sido el modo de interpretarlo.