Posteado por: diasdesur | 17 Mayo , 2008

Aprendiendo

Salto una generación, casi a sugerencia del comentario de Bruno, y me fijo en el segundo creador de la familia Sánchez. Siempre me llamó la atención esa película suya, con ese nombre tan original -un buen nombre siempre es un gran punto de partida-, de la que todo el mundo había oido hablar a pesar de que yo nunca vi un trailer ni un anuncio. Eso sí, leí muchos post en distintos blogs sobre este trabajo, que luego se ha convertido en una película que cito cuando filosofo y debato sobre el límite entre la aceptación y la resignación.

Una de las cosas que más llama la atención es el éxito súbito de Azuloscurocasinegro, esa triunfada a la primera de un director novel. Y no es así. Para llegar a su obra multipremiada, su ópera prima, Daniel Sánchez Arevalo pasó por una etapa de guiones comerciales producidos desde una perspectiva casi industrial en telecomedias que desde luego no pasarán a la historia por su estilo literario ni por sus aportaciones visuales (Farmacia de Guardia, Querido maestro…)

Chistes fáciles, situaciones tópicas y repetición hasta el infinito de las mismas estructuras narrativas. La mejor escuela para que un escritor aprenda cuando tiene que romper y transgredir.

Algo parecido a lo de Ruiz Zafón. Cuando en un paseo por el Corte Inglés descubrí todos esos libros con su nombre dirigidos a adolescentes pensé que me había equivocado al pensar que La sombra del viento era su primera novela, también best seller a la primera. Y luego un buen amigo me dejó Marina, y visité de nuevo una historia trágica de amores imposibles, desgracias y escenarios oscursos en una Barcelona gótica.

En Marina sí que se notaba más que era un entrenamiento, que la historia se revelaba de sopetón, en dos o tres golpes, supongo que fueron los previos a ese libro que, si no es cierta la leyenda negra, escribió el y convirtió en un homenaje a los libros y los perdedores -y del que sigo diciendo que yo quitaría el capítulo final-.

En ambos casos, los dos se enfrentan a su segunda prueba, la de la confirmación. Parece un reto duro.

Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, lo duro es lo que queda detrás. Como las décadas de García Márquez en la sección de sucesos de periódicos de mala muerte aprendiendo cosas que le llevaron a escribir Cien años de soledad. O como Pilar de Ayala, curtida en capítulos y capítulos de diálogos de ‘Jo, tía’ por los que la conoció toda una generación de telespectadores adolescentes. O como Almódovar, rodando cortos por la noche, mientras ensayaba historias a cual más absurda, hasta pulir su estilo y llegar a hoy.

Así que de vez en cuando me da algún aire de grandeza y me consuelo con pensar que algún día todas las cosas aparentemente absurdas e inconexas, todas las lecturas que hago y las obsesiones que me pierden, las habilidades absurdas con las que no sobreviviría ni de coña en una isla desierta, acaben por cristalizar en algo que dé la impresión de tener sentido y que de alguna manera cierre una etapa que no sé muy bien como definir.

Tranquilos, es una ensoñación que sólo dura un minuto.


Respuestas

  1. Nunca sabemos qué hay que sembrar, ni cuánto tiempo hay que estar sembrando para poder llegar algún día a tener nuestro fruto, no preconcebido, sino surgiendo de una casualidad que a veces se más fuerte de lo que pensamos. Bonito post!

    Saludos,
    JP

    Historias de JP


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