Posteado por: diasdesur | 27 Mayo , 2008

Segundas oportunidades

Donna y Kelly vuelven a Berverly Hills. Bueno, realmente nunca se habían ido. No sé muy bien que fue de ellas durante este espacio entre una serie que las hizo nacer y ahora no sé muy bien si renacer o enterrar definitivamente (creo que Tori Spelling, visto que su padre no la enchufó en ninguna más de series que produjo, hizo un reality con su vida, y que Jennie Garth se dedicó a papeles de hermana mayor en plan Guest Star de la adolescente rubia de moda en ese momento).

La verdad es que siempre me he planteado qué pasa con las series de éxito cuando afrontan la fase decadente. Yo, que nunca vi terminar Sensación de Vivir ni Melrose Place o Al salir de clase, siempre me preguntaba qué sería de los personajes, si la serie se llegó a acabar con un final y directamente dejaron las historias inconclusas, convirtiéndo a los protagonistas en fantasmas que vagaban por el espacio hertziano en busca de un final digno.

O tal vez aguantan en las madrugadas reproduciendo una y otra vez los mismos diálogos. Incluso puede que sus historias evolucionaran y realmente acabaran siendo interesantes.

A lo mejor se siguen emitiendo en la madrugada de alguna tele local analógica y realmente la serie nunca se acabó, así que esta nueva versión (en la que Kelly es consejera escolar de su instituto) en realidad es un empalme, como el que se hace entre realidad y ficción en Abre los Ojos.

Pienso mucho en lo de las segundas oportunidades. Cada vez que veo en la tele alguna vieja gloria agarrándose a cualquier revival para tratar de resugir. Sabéis de lo que hablo. Todos hemos visto lo que está pasando con Eurovisión, un festival que en sí ha sido un ejemplo de evento al que ya le hemos terminado de pasar todas las oportunidades. O cómo el componente transgresor de la movida se ha convertido en institucional, sin saber muy bien cómo ha pasado.

Así que quien sabe, si todos esos protagonistas eternos de la prensa rosa y también de la roja siguen y siguen en las ruedas, quizás es que seamos todos fantasmas, condenados por algún pecado del pasado a un eterno revival de nombres y apellidos que nunca han terminado sus ciclos del todo, y en el que, por tanto, dan igual los errores porque nunca hay consecuencias.

No, no es cierto. Desgraciadamente hay errores y situaciones para los que ya no hay una segunda oportunidad.


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