Creo que ya he contado en alguna ocasión que suelo releer los libros que me gustan, porque me pasa con ellos como a los lectores de La historia interminable, que cada vez se encontraban con un libro diferente.
La palma en esto se la lleva mi libro favorito, 100 años de soledad, que puede que haya repasado, entre relecturas íntegras y fragmentos al azar, más de una decena de veces, y en todas me he encontrado con algo nuevo o sorprendente.
Por diversas circunstancias, mis libros de siempre han permanecido más de año sepultados entre cajas. Ahora han sido liberados y ya respiran el aire, colocados de una forma más o menos organizada en mi flamante estantería.
Durante este tiempo han ido llegando libros nuevos, algunos de ellos acumulándose en la mesa de montaje. Imaginarlo. Los libros nuevos, pendientes de leer. Y entre los de siempre, según iba abriendo las cajas, aparecían algunos que ni recordaba, otros que recordaba tan bien que quiero revivirlos…así que se me amontonan las relecturas en la mesita de leer, donde se mezclan libros viejos, nuevos y prestados en una columna que crece cada día.
Temo que una noche esa pila, agobiada por el peso, ceda y me sepulte, acabando conmigo sin que yo haya podido acabar con ellos.
Esa pesadilla de morir sepultados por la montaña de libros en que se van convirtiendo nuestras casas me temo que es recurrente en todos los que sentimos pasión por la lectura.
Como esa sensación de encontrar un libro nuevo en la relectura de los que de verdad hemos hecho nuestros. Pero esta es maravillosa.
Por: Rukaegos el 19 Agosto , 2008
a las 6:32 pm