(esto lo escribí el pasado 18 de septiembre. Lo sé, viva la actualidad, pero estaba sin ordenador y me apetecía verlo publicado. Entonces coincidían la Pasarela Cibeles y una de tantas declaraciones judiciales en Castro Urdiales)
Por la Pasarela de Cotolino han desfilado hoy los trajes más raros y los maquillajes más excesivos. Pero no eran ellos los protagonistas de la sesión de hoy. En esta jornada, el traje de novia era en realidad una camiseta de chándal roja, que sustituye a todas las chaquetas que en el mundo han sido.
En este pasarela queda cada vez más claro que la coherencia está tan pasada de moda como las hombreras. Sólo que estas antiguallas puede que vuelvan en algún revival próximo.
La pasarela Cotolino es una de las más transitadas en los últimos tiempos. No hay funcionario o edil que no desfile por ella entre una nube de flashes mientras los que observan ven que se ha convertido en toda una tendencia, con distintos estilos particulares, todo hay que decirlo.
Pero Cotolino sólo es un paso. Importante, sí, pero pequeño. Sus estrellas llegan allí pensando en otros escenarios superiores, con más focos. ¿Milán? ¿Londres? ¿Roma? Los que más destacan pueden acabar en Pasarela Salesas.