Seguro que Moneo y Mansilla&Tuñón hubieran preferido robar un ídolo de oro de una vieja cueva y enfrentarse a lanzas y bolas de piedra que te persiguen antes de tratar de hacer un edificio diferente o cultural en Cantabria. Se habrían aburrido menos, y habrían conocido el final del proceso más rápido.
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Aquí no. Sin necesidad de que tomarse pastillas azules o rojas, los edificios encogen de tamaño una y otra vez, o, se desplazan tanto de su destino original que es posible que a este ritmo acaben en La Albericia. Para que luego digan que la fe –creer en lo que no se ve—no mueve montañas, sí lo hace hasta con los Picos de Europa. Eso sí, parece que siempre llegan tarde.
En la misma semana hemos vuelto a ver dos oportunidades desperdiciadas. En Burgos, esa megalópolis cultural, se ha celebrado con Motivo de la Semana de los Museos, la Noche Blanca de los Museos, algo que en Cantabria sólo se ha podido hacer en el Museo Altamira y en el Cantábrico, si eres preadolescente, claro. Aquí nada, ni siquiera una acampada con las gaitas sonando bajo el monumento a la quesera.
Por no hablar del Día de Internet en Cantabria. Con todo el respeto, que la administración programe como actos un fotolog y un concurso familiar, hace que se noten más las carencias que si no se programara nada. Y por supuesto deja en peor lugar a otras entidades y empresas.
Que a estas alturas los días y semanas internacionales son una chorrada lo pensamos muchos. Pero también que son unas oportunidades excelentes para que quienes gestionan y presumen muestren lo que hacen, y demuestren que intentan ir, no por delante, pero sí al menos al mismo paso que su entorno.
Por que de esta semana mixta de la creatividad y la innovación (y de la tolerancia, si añadimos el día contra la homofobia) con lo único que nos quedamos es con otro acto en el Ateneo, la vanguardia de las ideas, para conocer, entre conferencia y conferencia, que un museo de referencia se va a dividir en dos partes, como si fueran los papeles de Salamanca.
Tras tantas aventuras y trasiegos, los proyectos y las ideas para la creatividad y la innovación corren el riesgo de quedar ahí, almacenadas para siempre, sin posibilidad de distinguirlas en un inmenso almacén en la milla de la cultura junto a otras reliquias de ideas de los tiempos más mágicos y remotos.